domingo, 22 de diciembre de 2013

Compartir, dar y recibir.



La vida te moldea, te va puliendo hasta darte forma, y aunque te empeñes en seguir un molde que habías visualizado y escogido, basándote en preferencias, ideales y sueños, lo más probable es que el contorno acabe variando, y la forma resultante de la experiencia difiera bastante de la que siempre habías imaginado.
Vives, te equivocas, das, recibes, cedes, resistes, te hieren, hieren, experimentas, intentas salir adelante, y, por el camino, las muecas van marcando tu perfil y variando tu esencia. Durante el viaje, la familia y los amigos te recogen a pedazos, te acompañan, te escuchan, te consuelan o te animan para poder seguir adelante, mejorar tu camino y acercarte a la vida que querías. Gracias a ellos te descubres, identificas tus fortalezas y debilidades, sufres y disfrutas de quién eres y  de cómo eres, y te aportan esa valentía necesaria para luchar y tirar para adelante. Con los años compartes experiencias, alegrías y penas, y valoras esa compañía que te permite ser valiente, quererte, querer y cultivar la reciprocidad, la generosidad, la honestidad y la empatía.


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