jueves, 20 de febrero de 2014

Me da igual lo que tenga que esperar, te quiero.

Hacía mucho frío en aquel andén, desprovisto de trenes. Aquel andén que sólo era un cuerpo, y una mirada fija en la esperanza. Era una enamorada más, con la sed en los brazos de beber directamente de alguien que se quedase a dormir todas las noches. Que se quedase a amanecer cada mañana. Y es que lo único que sé de la vida es que a veces sigue mereciendo la pena esperar a algunas personas, aunque lleguen demasiado tarde.

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